El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

un poco tarde. ¿Por qué no os habré contado que el viejo rey Midas vino a América y convirtió el sombrío otoño que hay en otros países en la deslum- brante belleza con que aquí se viste? Doró todas las hojas del gran libro de la Naturaleza. -Primo Eustace -dijo Arándano, chiquillo bueno, que siempre estaba haciendo pregun- tas sobre la altura exacta de los gigantes y la pequeñez de las hadas-, ¿qué altura justa tenía Doradina y cuánto pesaría después de haberse convertido en oro? -Era casi tan alta como tú -replicó Eustace-, y como el oro es muy pesado, pesaría lo menos ochocientos kilos y, si se hubiera hecho mone- da con ella, se hubieran sacado de treinta a cuarenta mil dólares de oro. ¡Ojalá Siemprevi- va valiese tanto! Vamos, niños, saldremos de la cañada subiendo a lo alto del peñón y echa- remos un vistazo al panorama. Así lo hicieron. El sol había ya andado dos

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