El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

la? Después de oír este cuento, ¿alguno de vo- sotros desearía poseer la facultad de convertir las cosas en oro? -A mí me gustaría -dijo Pimpinela, chiquilla de diez años- tener el poder de convertirlo todo en oro con el dedo índice de la mano derecha, pero con tal de tener en el de la mano izquier- da el poder de dejarlo como antes si el cambio no fuera de mi gusto. ¡Ay, si lo tuviera, ya sé lo que haría esta misma tarde! -¿Qué harías? -preguntó Eustace. -Tocaría -respondió Pimpinela- cada una de las hojas de estos árboles con el dedo índice de la mano izquierda y las pondría verdes otra vez; y así volveríamos a empezar el verano, sin tener que pasar por el feo invierno. -¡Oh, Pimpinela! -exclamó Eustace Bright-. Estás equivocada, y harías una cosa muy mal hecha. Si yo fuera Midas, no haría más que días de oro, como este de hoy, durante todo el año. Las mejores ideas siempre se me ocurren

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