El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
ventar, aunque solo sea por haberme defendi- do tan bien de esta perversa Siempreviva. Pero, niños, os he contado ya tantos cuentos de hadas que me parece que no queda nin- guno que no me hayáis oído por lo menos dos veces. Y temo que, si repito alguno de ellos, os vais a quedar dormidos de veras. -¡No, no, no! -exclamaron Ojos Azules, Pimpi- nela, Vainilla y otra media docena de niños-. Los cuentos que más nos gustan son los que hemos oído dos o tres veces. Y la verdad es que los cuentos parecen au- mentar de interés para los niños, no con una o dos, sino con innumerables repeticiones. Pero Eustace Bright, en la exuberancia de sus recur- sos, desdeñaba aprovecharse de una ventaja que hubiese agradecido un narrador más viejo. -Sería lástima -dijo- que un hombre de mis co- nocimientos (pasando por alto mi original fan- tasía) no pudiese encontrar cada día del año un cuento nuevo para unos niños como voso-
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