El lenguaje oculto del altiplano

51 Cuando los miles de matracas de la Morenada crujen en sintonía, haciendo vibrar los cimientos de Chucuito, Ácora y los barrios de Puno, se está dictando una cátedra viva de historia económica y social sobre la mita minera, Laykakota y la esclavitud que ningún libro de texto escolar se ha atrevido jamás a narrar con semejante nivel de crudeza, realismo y dignidad humana. Y cuando los cascabeles del caporal repican con fuerza o las lentejuelas de un traje de luces brillan bajo el firmamento altiplánico, lo que verdaderamente se celebra es la victoria histórica de la inteligencia, la parodia y la ironía andina sobre los imperios opresores que pretendieron extinguir su cultura. La danza en el Altiplano no constituye, por lo tanto, un ejercicio de nostalgia pasiva, un acto arqueológico o una puesta en escena romántica de un pasado muerto; es un documento de identidad vivo, un archivo de resistencia en constante actualización que se hereda y se defiende poniendo el cuerpo en cada generación de jóvenes que asumen el compromiso de vestir el traje. El folklor del sur

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