El lenguaje oculto del altiplano

10 cósmico de todo un pueblo ante el colapso del Tahuantinsuyo y la ejecución trágica del Inca Atahualpa en Cajamarca. No existen en el Ayarachi pasos de alegría, saltos de festejo ni coqueteos coreográficos; es, en toda su regla, una marcha fúnebre comunitaria que parece detener el fluir del tiempo para recordar perpetuamente el fin de la soberanía andina y el inicio del cautiverio. La instrumentación que da vida al Ayarachi constituye en sí misma un monumento viviente a la resistencia cultural del Altiplano. Los propios danzantes, en un despliegue de sincronización física, resistencia pulmonar y disciplina musical verdaderamente asombroso, ejecutan las melodías mientras sostienen un desplazamiento marcial. Tocan de manera colectiva robustas zampoñas de un solo remero llamadas phusas, cuyo diseño técnico ancestral, con tubos de caña gruesos y rústicos, impide la ejecución de melodías ligeras, rápidas o festivas. El sonido áspero y profundo de las zampoñas es guiado por el golpe monótono, sordo, pesado y marcial de los huanckares, tambores de gran tamaño

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