El imperio inka

ejemplo, Torero, 2002, cap. 3, § 3.6.8), ahora, en vista del examen etimológico del vocabulario cultural del incario, creemos que no hay lugar para sostener que dicha lengua fuera la aimara. Porque si así hubiera sido, entonces, ¿cómo explicar que el léxico institucional incaico referido a los nombres propios (<Roca> y su variante <Lloque>) y apelativos (<ayar>, <inca>, <capac>) de los incas míticos, de sus divinidades (<titi>, <inti>), de su organización administrativa (<manco>, <iqui>, <tocri>) y religiosa (<quis>, <raymi> <rayqa>, <uiça>) no puedan explicarse a partir de dicha lengua y mucho menos del quechua? Tales nombres, remodelados posteriormente dentro del aimara y del quechua, con acomodos fonéticos e hibridaciones que buscaban

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