El imperio inka

hacerlos inteligibles, van recobrando, en virtud del trabajo etimológico, su filiación idiomática originaria. Además, como lo adelantamos, parte del léxico perdido del puquina puede encontrarse de manera sorprendente en las páginas del monumental vocabulario aimara del jesuita italiano, lo cual nos ilustra, de paso, cuán puquinizado se encontraba el aimara lupaca, seguramente al igual que las demás variedades altiplánicas, sin olvidar que lo mismo ocurría con el uro, tal como lo señalamos en nuestro vocabulario chipaya (Cerrón-Palomino & Ballón Aguirre, 2011, § 1.6). Pero no solo estamos hablando del léxico medular de la civilización incaica sino también de la toponimia puquina que, a medida que avanza la pesquisa etimológica, no solo va dejándose

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