El imperio inka
consideraba nada menos que hijo del Sol. Si ahora, tratando de atar los cabos que habíamos dejado sueltos en §§ 1.3 y 2.3, hacemos un esfuerzo por encontrarle un fondo de veracidad histórica a los hechos aludidos en el pasaje citado, despojándolo previamente de la aureola mítica que lo envuelve, creemos estar en condiciones de redimir los hechos históricos y lingüísticos asignables al pueblo puquina-colla. Para ello, al abordar el tema por el lado histórico, conviene comenzar, según lo anunciáramos, con la «devolución» del nombre colla a sus representantes auténticos y rescatarlo de su falsa adscripción secular a los pueblos de habla aimarófona. Como lo han venido probando en las últimas décadas los estudios relativos a la historia de los
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