El imperio inka
pueblos y de las lenguas altiplánicas (Julien, 1983, cap. 2; Bouysse-Cassagne, 1987, p. I; Torero, 1987, pp. 343-351; ver Cerrón-Palomino, 2011a), no parece haber duda de que por «collas» hay que entender en adelante gente de habla puquina y no aimara. Una vez efectuada esta reasignación étnica e idiomática, resulta que el pueblo involucrado, secularmente confundido con uros y aimaras, deja de ser espectral para recobrar su plena historicidad. Y así entonces, volviendo a los mitos de origen, podemos señalar que, al margen de las variantes que pudieran tener, todos ellos coinciden en dos de los aspectos señalados previamente: la procedencia lacustre de los incas epónimos y el culto solar que profesaban, atribuciones de primer
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