El imperio inka
el libro II de su Memorias antiguas historiales lo que bien puede ser una versión de la obra de Lobato (Hyland, 2007). Estas reflexiones no se dieron solo en los centros urbanos. En la víspera de las campañas de extirpación, en la provincial rural de Huarochirí, un cura bilingüe tan brillante como inescrupuloso llamado Francisco de Ávila contrató a alguien —parece haber sido un tal Cristóbal Choque Casa, educado para ayudar a los coadjutores escribiendo en «quechua pastoral»— para averiguar y registrar los nombres de los adoradores de huacas. Ávila aparentemente pensó usar estos datos para perjudicar a los parroquianos cuyas quejas habían provocado la reclusión de Ávila en una cárcel eclesiástica. Poco
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