El imperio inka
parentesco o ayllu (Murra, 2002[1964], p. 317) liberaría parte de la fuerza de trabajo para atender la agricultura. Estos grupos (por ejemplo, lupaqas, carangas, chinchayqochas) desarrollaron los rebaños de mayor tamaño y, gracias a la diversificación de su economía, alcanzaron poblaciones de gran magnitud y relativamente concentradas. Sus sistemas de asentamiento combinan aldeas defensivas dotadas de corrales y —cuando el ambiente lo permite— áreas de cultivo, además de estancias dispersas vinculadas al desplazamiento estacional de los rebaños. La extensión de los núcleos residenciales varía, pero llega a las 200 viviendas en las punas de Chinchaycocha (Parsons, Hastings & Matos, 1997) y Andahuaylas (Bauer & Kellett, 2010), así como en Carangas
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