El imperio inka

(Villanueva, 2015), Uyuni (Lecoq, 1999; Nielsen, 2002) y Guayatayoc (Albeck, 2010), mientras que en la cuenca del Titicaca pueden superar las 600 viviendas (Arkush, 2011), gracias a la mayor productividad de este ambiente de puna húmeda asociada con recursos lacustres. La intensificación de esta estrategia pastoril diversificada fue una respuesta común a las sequías propias del PIT en las tierras altas, particularmente donde no era posible expandir la agricultura de riego (Kellett, 2013; Stanish, 2003). La estrategia agropastoril, propia de valles altos (intermontanos en los Andes Centrales, Cirum-puneño-altiplánicos en los Andes del Sur), también conjugaba ambas formas productivas, pero daba prioridad a la agricultura en la

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