El imperio inka
de montaña, que parecen haber dado cuenta de la muerte del niño del volcán salteño (véase Ceruti, 2014b y 2015b). El sacrificio humano entre los incas era precedido de comida y bebida, por la que se pretendía contentar a las víctimas a la vez que se contribuía mediante la ingestión de alcohol, a que estas entraran en un estado de sopor que facilitara su tránsito al más allá (Molina, 1959, p. 93). Consta en las fuentes que: «A los niños, para que no sintiesen dolor en su muerte, los privaban del juicio adurmiendo sus sentidos con la chicha que les daban de beber» (Ramos Gavilán, 1976, p. 81). Los recientes análisis de cabello efectuados en las momias del Llullaillaco han revelado detalles acerca del intensivo consumo de chicha y coca en el contexto ceremonial
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