El imperio inka
adoptó como compañía dándole consejo y oráculo» (Sarmiento de Gamboa, 1965[1572], p. 220). Cobo (1964[1653], pp. 162-164) es más explícito, pues lo define como: su estatua que representase su misma persona, y con cierta solemnidad y ceremonias la tomaba por su hermano… esta la hacía unos mayor, otros menor, y otros al propio de su tamaño y semejanza; unas eran labradas de oro, otras de plata, de palo, piedra o de otra materia… Estos ídolos tenidos en gran veneración mientras vivían los señores que representaban y después de muertos se guardaban con sus cuerpos. Hasta el dios Sol en el templo principal, el Coricancha, en el Cuzco, era representado en la forma de «bultos», aparentemente como fardos textiles con
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx