El imperio inka

metros de diámetro y 5 metros de altura, representaron montículos de vivienda, aunque suelen tener también sitios de entierro anexados (Athens, 1980, pp. 127, 147-165; Jijón y Caamaño, 1920, pp. 47-56; Wurster, 1981, p. 98). Los montículos cuadriláteros, los más grandes de los cuales tienen hasta 90 metros de un lado y 10 o más metros de altura, sirvieron como plataformas para estructuras circulares y techadas de gran tamaño, que contenían pisos de arcilla horneada y características de cocción interior; cerca de estos, se han encontrado ocasionalmente también sitios funerarios (Athens, 1980, pp. 147-165; 2003; Jijón y Caamaño, 1914, p. 297; 1920, pp. 48-57; Kunter, 1981, pp. 179-180; Oberem, 1969a, p. 322; 1981, pp. 61-68; Pazmiño, 2009). Si bien un número relativamente reducido de montículos ha sido excavado de forma sistemática, estos exhiben poca evidencia de una ocupación permanente de largo plazo. Contienen, más bien, un pequeño número de estructuras de inusual envergadura con prominentes características de cocción lineales que pueden haber servido como casas para las élites o las comunidades. Además de las características funerarias, en las excavaciones también se encontraron recipientes de cocina de gran tamaño y un número desproporcionado de ánforas (pondos) para servir y almacenar chicha (Athens, 2003, 2012; Meyers, 1981). La suma de la evidencia arqueológica sugiere que los sitios de montículos en esta región estaban asociados con cementerios ancestrales y actividades sociales y ceremoniales intermitentes que incluían festines. La información etnohistórica y la data obtenida en estudios regionales apoyan la idea de que la población caranqui-cayambe vivió en asentamientos muy dispersos (Bray, 1991; Caillavet, 2000[1988]; Gondard & López, 1983). Los reportes regionales más antiguos indican que los pueblos estaban separados entre sí por distancias de entre 6 y 24 kilómetros (Paz Ponce de León, 1965[1582], pp. 233-241; Espinosa, 1983, p. 48) y que muchas personas vivieron incluso más lejos en chozas más pequeñas o viviendas aisladas (Caillavet, 2000[1988], p. 14). Estos pequeños asentamientos a menudo se encontraban a una distancia de hasta 35-50 kilómetros del pueblo principal de los curacas con los que estaban afiliados (Larraín, 1980, p. 206). Los grandes sitios de montículos de País Caranqui probablemente sirvieron como centros regionales y puntos focales rituales para el encuentro periódico de una población altamente dispersada en lo que se puede interpretar como una jerarquía de asentamientos de tres niveles. 817

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