centran en la compleja relación que los incas establecieron con su mundo material, especialmente con muchos objetos y cosas tan sociales en su naturaleza como los seres humanos. Un ejemplo bien conocido es la creencia de que las características conscientes del paisaje, tales como montañas y piedras, habitan un dominio paralelo social a la esfera humana y que los objetos están infundidos de una especie de vitalidad, energía, la fuente de la fuerza vital, transmitida a alguien (camaquen) que a la vez puede ser transferida a otros objetos y la wak´a como transmisor de la energía vital (Allen, 1982, 2002; Sillar, 2009). En el valle Calchaquí en los últimos años se ha prestado atención en la constitución ideológica y política de diferentes espacialidades y paisajes pretéritos (Acuto, 1999; Acuto y otros, 2004, 2010; Jacob & Leibowicz, 2011; Leibowicz, 2007; Vitry, 2002) y se ha entendido que es en estos lugares donde se llevaron a cabo determinadas prácticas sociales o se plasmaron ciertas relaciones sociales que fueron parte fundamental de estas; a partir de ello ambas categorías se constituyeron en una relación dialéctica. Lugares con arte rupestre, los santuarios, los mojones, las apachetas, los mochaderos, los cerros sacralizados, las vetas metalíferas, las cuevas, las peñas (qaqa), los punkus y los pukaras pudieron ser vehículos de memoria desde una perspectiva territorial y geosimbólica (Bonnemaison, 1992, p. 76; Haesbaert, 2013, p. 11) e intervenir de manera general en la demarcación de las diferentes jurisdicciones territoriales. Por ejemplo, en el Calchaquí norte el cerro Meléndez debió ser, en tiempos prehispánicos, una importante Wak’a a nivel regional, el Apu que dominaba el actual valle Calchaquí (Jacob y otros, 2013). Cabe destacar que el ushnu de Cortaderas Bajo, el recinto AD 10 de Cortaderas Derecha y el ushnu de Guitián, así como la Casa Morada de la Paya, están orientados hacia el Meléndez, lo cual podría llevar a pensar que en la construcción de estos sitios se vieron involucrados conceptos de orden cósmico y ritual (Jacob y otros, 2013, p. 296). La existencia de un gnomon en el sitio de Uña Tambo a 4705 msnm, en el camino que asciende al cerro Meléndez —donde existe una plataforma ceremonial— y cercano de otro sitio —El Apunao con un complejo de ushnu conformado por una plataforma y una estructura tipo baño con su piso enlajado y canaleta de drenaje—, lo convierte en un lugar propicio para ceremonias libatorias (Jacob y otros, 2013, p. 291). Las experiencias de las sociedades conquistadas debieron cambiar de un modo radical conjugando en las experiencias rituales, antiguas creencias y espacios con el novedoso 721
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