llegada sobre una zona previamente multiétnica, la relación inca con los kurakas y variados grupos —teniendo en cuenta que los sitios incas no se sobreponen a los previos, lo cual evidencia la casi total ausencia de instalaciones incas en el Valle Alto cochabambino (territorio de cotas y chues principalmente, según las fuentes)—, así como la debilidad del imperio y el intercambio de conocimientos mencionados. En ese sentido, apelamos en nuestro caso a la «negociación», que, al considerar el estatus de los negociadores, debió ser horizontal, ya que ambas partes estarían en un mismo nivel de escala jerárquica. Ahora bien, de la aseveración previa de que indudablemente estamos ante un imperio, por la mayoría de los rasgos que se le asignan, debemos matizar algunas salvedades que lo hacen particular y específico en nuestra zona. Por un lado, si bien se trata de una capital inca y, por tanto, de específicas formas de relacionamiento e incorporación al imperio; por otro, también consideramos que se trata de una microrreproducción del Estado hacia las tierras bajas y el oriente boliviano, al menos (comparar con M. Pärssinen e I. Schjellerup en este libro). En este punto es interesante el concepto de «periferia negociada», como la «disposición y habilidad de los individuos en las periferias para determinar las condiciones bajo las que se engarzarán en el comercio, intercambio ceremonial, matrimonio, adopción de religiones e ideología política con los estados que se expanden», que resaltan Parkinson y Galaty (2007, p. 121). Si sintetizamos la propuesta en cuanto al relacionamiento imperio/señores locales, parece posible hablar de una periferia negociada o de un control negociado horizontalmente. Finalmente, en cuanto a la insistente referencia de Inkallajta como la frontera inca en esa zona, nada más lejano, ya que se tienen referencias de grandes sitios incas y caminos tanto en el piedemonte, mucho más allá de Inkallajta, como hacia el oriente; claro ejemplo es la Pucará de Pasorapa, el sitio de La Habana cerca de la Pucará de Pojo, Tiraque Chico, Samaipata y nuevos sitios que se están investigando, que abren la frontera hacia un límite todavía desconocido. Asimismo, mencionamos que las excavaciones y estructuras al sur del complejo evidencian dos periodos de ocupación inca y las fuentes etnohistóricas dejan entrever que Inkallajta fue destruida por los chiriguanos; vimos también las relaciones de los incas con los señores de la zona (que habrían ayudado a los incas a construir las fortalezas en las zonas de frontera). Por tanto, debemos asumir que las etnias que estuvieron ocupando previamente los valles de Pocona no vivían aisladas y que seguramente tenían relaciones antiguas 687
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