El imperio inka

previas a la conquista entre Cuzco y el lago Titicaca. Según Sarmiento (1943[1572]; ver también Cabello, 1951[1586] y Murúa, 1962-64[1616]), durante el reinado del inca Huiracocha, probablemente a comienzos del siglo XV, la zona de dominio incaico se extendió de treinta a cincuenta kilómetros por fuera del corazón del Cuzco. Esta frontera inicial se corresponde de manera bastante exacta con la zona de distribución de las cerámicas de killke y con los puntos de inicio de las divisiones del Estado establecidas por los principales suyus. Durante el reinado del inca Pachacútec en la primera mitad del siglo XV, la acelerada expansión incaica alcanzó Oroncota y Cuzcotoro en el sur de Bolivia y, posiblemente, más allá de la actual frontera de Bolivia y Argentina, continuando hacia Chiriguana, Tucumán y Chile durante el posterior reinado de Túpac Yupanqui. Esto puede ser atribuido a la existencia de antiguos cacicazgos y de poderosos jefes o «reyes» con los que los incas establecieron alianzas hegemónicas y vínculos de parentesco (D’Altroy, 2002; Pärssinen, 1992). Sarmiento (1943[1572], p. 191) afirma que la región del Titicaca y el área que se extiende hasta Arequipa y Atacama estuvieron, antes de los incas, bajo el liderazgo de Chuchi Cápac, rey de los colla. No he encontrado evidencia independiente alguna que apoye esta afirmación. Los cacicazgos aimaras, sin embargo, sí formaron confederaciones militares contra sus enemigos. Las más conocidas de estas son Collao y Charcas. La primera incluía las provincias de Colla, Lupaca y Pacasa; mientras que la segunda, Charca, Caracara, Sora, Quillaca, Caranga, Chicha, Chuy y Yampará (Pärssinen, 2002; Platt, BouysseCassagne & Harris, 2006). En este sentido, después de la subyugación de Collao, la siguiente batalla decisiva fue peleada en Oroncota contra la confederación de Charcas. Los incas, finalmente, ganaron, con lo que todo el altiplano aimara se alió repentinamente con el rey inca. Esta táctica no funcionó con los mapuches o guaraníes, en general menos organizados, lo que generó dificultades permanentes para establecer los límites del Estado incaico. Más aún, parece ser que lo verdaderamente importante para los incas era la gente y no el territorio. En este sentido, cuando las poblaciones se desplazaban, lo mismo sucedía con las fronteras. Esto se hace evidente en la zona ubicada entre los valles Mapuche y Biobío en el sur, así como en Chiriguanas, cerca de Samaipata y Cuzcotoro. Como dijimos, si bien la presencia incaica en el área se logró luego reestablecer, Samaipata y Cuzcotoro fueron atacados por los guaraní, lo que generó el abandono de muchos asentamientos. 644

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