fuentes sabemos que Guacané era el nombre hereditario del líder de los indios chané (Manso, 2003a, 2003b [1563]). En este sentido, fue probablemente hijo del matrimonio entre un rey inca y una mujer chané. Guacané, en cualquier caso, pasó algunos años en Samaipata para construir una fortaleza cerca. Después de esto, logró convertir a un importante jefe local, Grigota, en su aliado al ofrecerle prendas finas y otros regalos. Él y otros tres jefes locales, uno de los cuales tenía un nombre guaraní, Vitupue, prometieron obediencia en nombre de 50 000 indios al rey inca. De esta forma, Guacané avanzó con su conquista sin armas gracias al envío de regalos, colocando bajo su hegemonía a una gran parte del área de Chiquito hasta las provincias de Jarayes e Itatin, en la actual zona fronteriza entre Bolivia y Mato Grosso de Brasil. Esta parte de Mato Grosso parece haber sido habitada por indios chané de habla arahuaca y por el pueblo relacionado de los guaná (Eriksen, 2011, pp. 8284). La expansión, sin embargo, fue interrumpida por las nuevas poblaciones guaraní que venían desde Brasil. De Jarayes, se enfrentaron contra Grigota y el jefe inca local, Guacané, matando a este último y encarcelando a su hermano y sus dos coyas (término quechua para «reinas inca»). Habiendo escuchado de estos incidentes, los incas de Cuzco enviaron a un capitán llamado Turumayo a enfrentarse a los guaraní, quien pacificó la región (Alcaya, 1906[ca. 1605], pp. 128-132). Sabemos de otras fuentes que Turumayo también era un nombre hereditario para los jefes inca de los mitimaes en Pocona, famosa por su fortaleza llamada Inkallacta (Nordenskiöld, 1915; Del Río, 2010, pp. 204-205). La correspondencia entre estos nombres probablemente no es una coincidencia. Como mínimo, tenemos motivos para sospechas que los mitimaes, colonos enviados por el inca a Pocona, un pueblo cerca de Samaipata, participaron de la pacificación de la región. Más aún, estos ataques guaraní contra las fortalezas incaicas también fueron narrados en la tradición inca del Cuzco. En cuanto a las crónicas clásicas, Sarmiento (1943[1572], pp. 248-249) dedica un capítulo a estas guerras, y especifica que todos los incas que vivían en Cuzcotuyo (Cuzcotoro, situado a cerca de 150 kilómetros al sur de Samaipata) fueron masacrados en el ataque. En consecuencia, el inca Huayna Cápac ordenó al capitán Yasca que contraatacase a los guaraní y reconstruya las fortalezas destruidas de la zona, lo cual hizo. Desde un punto de vista arqueológico, resulta interesante que tanto la historia local derivada de Samaipata como la tradición histórica recogida 620
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