los dioses, ya que los pulmones de las víctimas del sacrificio mostraban presagios sobre los resultados de batallas cercanas, la siembra o la suerte de un nuevo gobierno. Solo correspondía sacrificar camélidos domésticos, criados por la gente, ya que vicuñas y guanacos eran los ganados de las wak’as, por lo que a ellas pertenecían. Estos animales procedían de los hatos campesinos, de las autoridades, del inca o del culto, según el caso. Las características de las víctimas (color, edad) dependían de la ocasión, así como de la deidad a la que iba dirigida la ofrenda. Ciertas situaciones requerían animales de colores específicos, como el negro para las vísperas de batallas o los 597
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