negociaciones políticas, ya que desde las victorias militares hasta los acuerdos diplomáticos exigían el intercambio de tejidos. EL TRÁFICO CARAVANERO INCA El traslado de grandes cantidades de bienes a larga distancia era un problema crucial para el Tawantinsuyu dado lo extenso, diverso y accidentado que era su territorio (D’Altroy en este volumen). Resolverlo era fundamental para la logística del ejército, para aprovechar los excedentes producidos por el trabajo tributado en las provincias, para intensificar la producción mediante el desarrollo de enclaves productivos agrícolas o artesanales o para la apropiación de distintas formas de riqueza en el núcleo del imperio. Según Murra, «en las labores de carga, las llamas no pudieron competir nunca con los seres humanos… [quienes]… llevan más y más lejos, pueden colaborar entre sí, son más sensibles al castigo y responden a alicientes ideológicos» (2002[1964], p. 324). Aun así, dadas las ventajas que ofrecen las llamas para el traslado de grandes volúmenes de bienes divisibles (como productos agrícolas, charki, tejidos), resulta indudable que el desarrollo de una red caravanera ágil al servicio del Estado debió ser uno de los objetivos principales de la ganadería inca. Las caravanas incaicas sumaban cientos y hasta miles de llamas. Muchos animales viajaban sin carga para poder auxiliar a los demás y, al cabo de cada jornada, había otros descansados que servían de recambio. Esta medida tendría consecuencias significativas en el ritmo del tráfico, ya que ahorraría el día de descanso cada tres o cuatro jornadas de marcha que los pastores actuales consideran necesario para permitir a los animales descansar y pastar durante un día completo cuando emprenden viajes a larga distancia (Nielsen, 1998-99). Como en la actualidad, partían antes del amanecer y marchaban hasta poco después del mediodía, de modo de contar con varias horas de luz para que las llamas se alimentasen y repusieran fuerzas. La provisión de arrieros para conducirlas era una obligación habitual de la mit’a entre las comunidades de las tierras altas. A pesar de la pretensión del Estado y las autoridades étnicas de ejercer un control total sobre la circulación de bienes (Murra, 1978), el tráfico caravanero involucraba también el intercambio de productos por cuenta de hogares campesinos, especialmente entre los pastores de altura que habían empleado este mecanismo para proveerse de los bienes que no podrían producir en sus territorios desde tiempos inmemoriales. Estas transacciones particulares estaban a veces incorporadas a los viajes 588
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