El imperio inka

LOS PASTORES Y SUS CARAVANAS EN LA ERA DEL TAWANTINSUYU Axel E. Nielsen Juan M. Maryañski Sería difícil exagerar la importancia de la cría de camélidos en la sociedad andina prehispánica. Los rebaños permitían la instalación permanente de poblaciones en la ecozona de la alta puna (ca. 4000 msnm; véase abajo) y constituían un complemento significativo de la agricultura entre las comunidades que vivían en los valles. Eran una fuente confiable de carne, proveían fibra, cueros y huesos para diversas manufacturas, así como guano para abonar la tierra o alimentar el fuego y ofrecían la posibilidad de transportar cargas a larga distancia. Llamas y alpacas ocupaban también una posición privilegiada en la cosmología y la religión; eran protagonistas del mito y del ritual, se les ofrecía en sacrificio a las deidades, daban prestigio a sus propietarios y eran abundantemente representadas en el arte rupestre y en otros soportes. A pesar de esto, nuestro conocimiento de la organización de la ganadería y el tráfico caravanero en el Tawantinsuyu es muy general todavía y se basa principalmente en fuentes escritas antes que en evidencias arqueológicas (Dadenbach-Salazar, 1990; Murra, 2002). Como resultado, predomina una visión normativa de estas actividades, fuertemente influida por la propaganda imperial y sesgada en favor de una perspectiva centroandina que tiende a pasar por alto la variabilidad en dichas prácticas. El problema se ve exacerbado por la tendencia de los pastores —tanto en los Andes como en otras partes del mundo— a disimular la riqueza de sus rebaños con el propósito de evitar la confiscación o imposición de tributos por parte de los Estados y otros poderes institucionalizados (Murra, 2002 [1964]), lo que torna a los informantes incaicos y a los funcionarios coloniales aún menos confiables cuando se refieren a ellos. Los datos arqueológicos son cruciales para superar tales limitaciones, pero enfrentan sus propias dificultades al abordar estos temas. A diferencia 562

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