afectara gravemente a la momia del nevado de Quehuar. Lamentablemente, los cuerpos momificados hallados en tales circunstancias han sufrido diverso grado de deterioro y, por ende, es posible inferir también la pérdida de importantes elementos integrantes de las ofrendas asociadas. En la década de 1960, con la recuperación de la momia del cerro El Toro por parte del arqueólogo suizo-argentino Juan Schobinger comienza la historia de las excavaciones científicas de rescate en alta montaña, que alcanza su apogeo en la puesta a resguardo de la momia del niño del Aconcagua en 1985. Ceruti colaboró en el descubrimiento y rescate de un conjunto de seis sacrificios humanos y ajuar en la cima del activo volcán Misti, de 5822 m (Ceruti, 2003). Por su parte, el rescate efectuado por Reinhard y Ceruti de los restos de la momia del nevado de Quehuar constituyó la primera campaña de excavación arqueológica en alturas extremas desarrollada científicamente en la región NOA de Argentina (Reinhard & Ceruti, 2005). Los cuerpos congelados de tres niños de época Inca descubiertos por estos investigadores a más de 6700 metros, en la cima del volcán Llullaillaco, son considerados las momias mejor conservadas que se conocen hasta la fecha. Los objetos asociados en carácter de ofrendas constituyen uno de los conjuntos de objetos incaicos mejor preservados y documentados. La estrategia de apropiación imperial de la orografía andina con fines ceremoniales podría caracterizarse como jerárquica y sistemática. Solamente las montañas consideradas más sagradas y, por ende, situadas en la cúspide de la jerarquía de los santuarios de los incas habrían recibido sacrificios humanos y ofrendas mayores, destinadas a legitimar la dominación sobre los territorios conquistados y sus poblaciones locales. Las montañas de importancia secundaria habrían recibido ofrendas de menor jerarquía, en virtud de la creencia que impulsaba a no dejar ninguna huaca sin su ofrenda, para prevenir posibles desgracias que la omisión ritual pudiese atraer sobre la figura del emperador o sus súbditos. Una elevación de origen volcánico, gran altitud y dotada de glaciares permanentes, como es el volcán Llullaillaco, devino en una de las huacas más sagradas de los Andes del Collasuyu. Su cumbre fue convertida por los incas en el escenario ceremonial más alto del planeta y en el enterratorio de tres niños sacrificados para ser enviados al mundo de los dioses a interceder por sus comunidades y por el bien del imperio. Descubiertos y puestos a resguardo por los arqueólogos profesionales, los 550
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx