En el área surandina y en la región de estudio, aquellos cerros considerados tutelares que proveen, cuidan y son respetados por los lugareños reciben el nombre de mallku. Y son invocados en todas las ceremonias, porque son quienes hacen posible la vida misma. Fundamentalmente la riqueza de los cerros se mide por sus minerales, porque tienen agua y porque son dueños de los animales, que han prestado a los seres humanos (fig. 15.13). En resumen, por lo que tienen, pero fundamentalmente por lo que dan. La idea de que originalmente fueron hombres los autoriza a poseer ciertas cualidades humanas como la avaricia y la generosidad para con ellos. Según los conocedores de las costumbres en los pueblos, no todos los cerros son hombres; hay algunos femeninos a los cuales se les confiere mayor riqueza. El poder de los mallku está impregnado de la capacidad y el poder del inca. En estos mundos llenos de significación existen especialistas religiosos andinos que vinculan las peticiones hechas por los lugareños con entidades sobrenaturales y que, se cree, son capaces de vincular aquello humano con 543
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