El imperio inka

conservación (Acevedo, 2012) y, muy especialmente, sobre el cuerpo del niño (Horne & Quevedo, 1984; Durán & Quevedo, 1992). El Museo de Historia Natural de Santiago de Chile ofrece una síntesis online en la que es posible visualizar cómo hoy día los pueblos originarios residentes en Santiago rinden un homenaje al Niño de El Plomo cada solsticio de invierno, cuando para ellos se inaugura un nuevo año. Los primeros rescates arqueológicos: el «joven» del cerro El Toro y el niño del Aconcagua La momia del cerro El Toro y el infante del Aconcagua fueron hallados accidentalmente en los Andes del oeste de Argentina y rescatados por la pionera intervención de Juan Schobinger, quien se desempeñaba como profesor de Prehistoria de la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza. El prudente criterio de los montañistas que protagonizaron los hallazgos y la pronta disposición de los arqueólogos que emprendieron su rescate hicieron posible la recuperación y estudio interdisciplinario de los cuerpos congelados y de sus ajuares. El cerro El Toro se ubica al noroeste de la provincia de San Juan, en el oeste de Argentina. Pertenece al sistema orográfico de la cordillera Occidental andina y su altitud se estima en 6160 metros sobre el nivel del mar, habiendo sido ascendido hasta la cima por Ceruti (véase Ceruti, 2009). En 1964, el montañista Erico Groch y Antonio Beorchia descubrieron llamativos vestigios arqueológicos en una planicie cercana a la cumbre de la montaña. Además de una estructura pircada de planta rectangular, observaron un círculo de piedras situado a corta distancia, del cual asomaba un cráneo humano el que había quedado parcialmente descubierto por la erosión. Pocas semanas después, la momia fue puesta a resguardo en el marco de una expedición de rescate dirigida por Juan Schobinger, quien también lideró al equipo de investigadores que estudiaron el cuerpo. La momia del cerro El Toro, albergada en el Museo Arqueológico de San Juan, pertenece a un hombre de unos veinte años de edad, con el cuerpo en posición replegada, las manos delante del pecho y la cabeza levemente inclinada hacia la derecha. El cráneo está a la vista por haber quedado a la intemperie. Como única vestimenta tenía colocado un taparrabos, o huara, de lana de alpaca. Aparentemente, su muerte habría sido inducida por estrangulamiento, pues existen evidencias de una soga aplicada alrededor del cuello (Schobinger, 1966). La ofrenda que acompañaba a la momia 522

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