LOS INCAS Y EL CULTO A LAS MONTAÑAS DE LOS ANDES En memoria del doctor Juan Schobinger Victoria Castro María Constanza Ceruti INTRODUCCIÓN Las montañas andinas son consideradas como la fuerza vital controladora del clima y dispensadora del agua para la fertilidad de ganados y cosechas. Los glaciares que dan origen a los ríos y las cumbres que congregan a nubes de tormenta contribuyen a sustentar creencias basadas en la relación de los montes nevados con las lluvias, los deshielos y los campos. Al mismo tiempo, la montaña entraña peligros y esconde fuerzas que pueden desatarse y causar desgracias y calamidades. En las erupciones volcánicas y demás catástrofes naturales se pone de manifiesto la contracara del rol sustentador y fertilizador característico de los Andes. Para los pobladores que viven a los pies de estas montañas, son los espíritus de los ancestros que moran en las montañas quienes envían la lluvia o la sequía, como premio o castigo al comportamiento ritual de los mortales (véase Reinhard & Ceruti, 2005). Hace cinco siglos, los incas fueron los primeros en atreverse a escalar las cumbres más altas de los Andes, lo que supuso enfrentar los rigores extremos de las altas montañas que hasta entonces habían sido veneradas por los pueblos andinos desde prudente distancia. Bajo la dominación inca, las grandes montañas continuaron siendo destinatarias del culto, pero además sus cimas fueron conquistadas y apropiadas como escenarios ceremoniales, en una hazaña sin precedentes. Se originó así un fenómeno único en la historia de la humanidad, como lo es el de los adoratorios de altura, ubicados a más de 5000 y 6000 metros sobre el nivel del mar (véase Ceruti, 1998, 1999, 2002, 2008 y 2013b). Ofrendas humanas fueron entregadas a las cumbres más elevadas en el marco de ceremonias denominadas qhapaqocha (capacocha), elaborados mecanismos religiosos y políticos de control social que constaban de una 510
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