organización espacial y el uso ritual de sitios relevantes, la información arqueológica pertinente es bastante escasa, incluso a pesar de los trabajos de campo conducidos en dichas zonas. A continuación, se presentarán dos ejemplos. El primero es el importante paisaje ritual del Alto Cuzco; el segundo es Pisac, en el valle del Urubamba. Un área del llamado Parque Arqueológico Sacsayhuamán (en una meseta encima del Cuzco), que mide más de tres mil hectáreas, se registran cerca de 53 complejos arqueológicos y más de 200 sitios (Instituto Nacional de Cultura del Cuzco, 2007). Los a veces caprichosos topónimos quechua y sus atribuciones funcionales desde la época colonial suelen ser engañosos, pero no hay duda de que se trata de un inmenso paisaje ritualizado que incluye cerca de 40 grupos de afloramientos calcáreos o rocas, algunos rodeados por muros de diferentes escalas, a veces bastante grandes (ver Guchte, 1990, pp. 73-75). Estas rocas a menudo están conectadas a reservorios («qochas»), fuentes, canales y terrazas hechas frecuentemente de excelente mampostería, así como a senderos y caminos. Las excavaciones en algunas de estas zonas revelaron la existencia de entierros humanos y de diferentes tipos de ofrendas, principalmente en la zona monumental al oeste del Cuzco moderno (para la descripción, ver Guchte, 1990, pp. 119-142). La ocupación inicial de esta área aparentemente se remonta a cerca de 500 años antes de la principal reorganización inca del espacio. La información con la que contamos actualmente desafortunadamente es dispersa y no nos permite reconocer qué gobernante podría haber sido responsable de la construcción del espacio ni su participación exacta en su construcción y funcionamiento, aunque a juzgar por los restos materiales que permanecen, las versiones de Betanzos ciertamente no parecen inverosímiles. El segundo caso es Pisac, otro ejemplo de paisaje ritualizado según el trabajo de campo realizado en el sitio en el año 2000 (Kaulicke, Kondo, Kusuda & Zapata, 2005). Pisac pertenece a la categoría de sitios que reciben el nombre de fincas reales, y su construcción es atribuida al inca Pachacútec, al igual que Ollantaytambo, Machu Picchu y otras construcciones en el valle del Urubamba, o Valle Sagrado de los Incas, que corre de este a oeste al norte de Cuzco (ver capítulo 13 por Niles). Fue visitado por Squier (1974[1877]) y Wiener (2010[1880]) a finales del siglo XIX y posteriormente por muchos otros visitantes o investigadores, pero también era conocido por escritores del siglo XVI (ver Kaulicke, Kondo, 495
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