El imperio inka

Espíritu Pampa (para una revisión de la ubicación e identificación de estos restos, ver Lee, 1997, 2000; Bingham 1910, 1913, 1914). Estos tres sitios comparten con Machu Picchu un enfoque en el agua y en la piedra en la orientación de sus edificios; un énfasis en las plazas que cumplen la función de enmarcar la vista; y un plano que incluye espacios amurallados y portales de jambas múltiples. Establecer Machu Picchu como una finca de Pachacútec sugeriría que estos sitios fueron obra suya y, quizá, la idea de que algunos pueden haber sido construidos como fincas. En cuanto un lugar se desarrollaba según los criterios exactos de un rey, no es sorprendente que Rosaspata (identificada como el sitio inca de Vitcos) haya sido utilizado hasta bien entrado el siglo XVI como capital por los incas que resistían las invasiones españolas por Manco Inca, como sugiere Bingham y reitera Lee (2000, pp. 371-372). La segunda capital de Manco Inca en Vilcabamba (que Lee convincentemente identifica como el sitio arqueológico de Espíritu Pampa, 2000, p. 409) claramente tiene elementos de construcción de mediados del siglo XVI (a saber, techos con tejas), pero nuevamente comparte suficientes detalles estilísticos con Machu Picchu como para plantear la pregunta de si fue establecido originalmente como una finca por Pachacútec o si Manco Inca utilizó el desarrollo de Pachacútec como modelo de su propio proyecto. CONCLUSIÓN Cuando visitamos hoy sitios arqueológicos como Machu Picchu, Pisac o Chinchero, inevitablemente nos maravillamos de la habilidad de los incas para construir estos sitios y comentamos la forma en que las estructuras engrandecen nuestra contemplación del hermoso paisaje que las rodea. Son estos monumentos los que nos permiten ver cómo los gobernantes incaicos utilizaron su habilidad para transformar ilimitados recursos en forma material. Las fincas también son importantísimas para nuestro entendimiento científico de los incas y nos ofrecen una oportunidad de descubrir más sobre el Imperio incaico gracias a la aplicación de una variedad de disciplinas, incluyendo la antropología física, la arqueología, la historia y la arquitectura. En este sentido, podemos utilizar el estudio de material genético y osteológico para confirmar la veracidad de las narrativas del siglo XVI, según las cuales los incas reubicaron diferentes poblaciones para que trabajaran en las fincas, y señalar las regiones específicas de las que estas poblaciones pudieron haber sido extraídas. La existencia de las fincas confirma nuestra lectura de las historias incaicas 480

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