El imperio inka

Puentes colgantes Como hemos ya mencionado, en el momento de la conquista española, los puentes colgantes no eran conocidos en el Viejo Mundo. Los incas, sin embargo, los construyeron a través de los Andes. El más famoso probablemente fue el que cruzaba el río Apurímac. E. George Squier, que cruzó ese puente en la década de 1860, escribió «Nunca lo olvidaré, incluso si no hubiese estado asociado a circunstancias que, por esa vez, me causaron mucha ansiedad y dolor» (1877, pp. 545-546). Los puentes colgantes incaicos fueron construidos con cables, tejidos con cuerda más delgadas hechas de ramitas o ramas flexibles, o fibras. Tres a cinco cables formaban el piso, o plataforma, y dos cables adicionales servían de barandas. Como ilustra la reconstrucción del K’eshwachaca (puente quechua) en Huinchiri, estos cables eran extendidos sobre el abismo con cuerdas y anclados a pilares de enormes rocas. Los cables del piso eran entretejidos y cubiertos con ramitas pegadas al suelo. Las cuerdas más delgadas conectaban el piso con el pasamanos formando parapetos (fig. 12.14). Estos puentes eran bastante efímeros, y requerirían mantenimiento y reconstrucción cada dos o tres años. En este sentido, el puente que Squier cruzó no fue un puente incaico original, sino uno que había sido reconstruido muchas veces siguiendo esta técnica tradicional. 445

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