marcan el centro del tocapu. Un diamante central y tres rectángulos concéntricos encuadran y unifican estos elementos. Lo que uno puede deducir entonces de los tocapus en las chullpas y del dibujo de Pachacuti Yamqui es que estas hermosas formas geométricas abstractas tenían un significado y podían utilizarse, al menos, para representar conceptos de lugares históricos y míticos (Cummins, 2011). El arte y la arquitectura de los incas no son por ello pasivos ni contemplativos. Los diseños abstractos de los textiles, esculturas y edificios tienen una resonancia en términos de la formación social de los individuos. Esto es, las formas geométricas están insertas en patrones de pensamiento sobre el espacio y el movimiento, así como en las relaciones sociales. Es por ello que el concepto de lo recursivo tiene un contexto más amplio. El arte y la arquitectura inca, por lo tanto, involucran de forma activa, y de maneras que se sobreponen y refuerzan entre sí, a los hombres y a la diversidad de su mundo. Las hermosas paredes redondeadas de Machu Picchu, del Coricancha en el centro de Cusco, y del Templo del Sol en 359
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