El imperio inka

Tocricoc («aquel que ve/observa»), asistido por un khipukamayuqi responsable de registrar toda la información relativa a dicha provincia (por ejemplo, información del censo, registro de los impuestos). También había un par de funcionarios, a los que Guamán Poma se refiere como Hatun hucha quipoc y Huchuy hucha quipoc, que eran, respectivamente, contadores y tesoreros principales y secundarios de sus respectivas provincias (1980, p. 333 [363]). Al llegar al nivel de la organización provincial, nos enfrentamos a la cuestión del grado en que la organización decimal se reflejaba en la organización jerárquica y la supervisión de los trabajadores del Estado. Esto último está relacionado con el sistema decimal del trabajo para el Estado. En el Estado incaico, el tributo de las poblaciones sometidas se cobraba en tiempo de trabajo para la ejecución de proyectos estatales, incluyendo tareas como la construcción y mantenimiento de los caminos, almacenes, puentes, etcétera; el cuidado de las tierras y de los rebaños de camélidos que pertenecían al Estado y a los dioses; y otras (Murra, 1982). Los trabajadores de la corvea se organizaban en grupos decimales según los principios del dualismo y de la organización en cinco partes (ver figura 9.2). Es decir, 5 grupos de 10 trabajadores (chunca) en comunidades locales formaban grupos de 50 trabajadores que, al emparejarse con otro grupo similar, formaban un grupo de 100 trabajadores (pachaca). Como vemos en la figura 9.4, la idea de esta organización en pares (o dual) y en cinco partes era trabajar juntos para producir agrupaciones de trabajadores cada vez más grandes, hasta conformar grupos de 10 000 trabajadores como tributo (hunu).Los jefes de cada nivel (llamados curacas) se encargaban de supervisar las actividades de los grupos, mientras que los responsables de las cuerdas (khipukamayuqs) registraban la asistencia y participación en el trabajo asignado por el Estado a cada grupo (Pärssinen, 1992). 294

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