El imperio inka

como las comunidades autónomas locales, podría operar con sistemas diferentes de contabilidad, con la información relevante pasada de vecino a vecino. Al interior de cada grupo, las decisiones sobre la programación de actividades colectivas podrían ser alcanzadas en intercalaciones consensuadas y correctivas hechas de una manera ad hoc (Turton & Ruggles, 1978). La falta de un calendario común compartido por todos, sin embargo, hace que la coordinación intergrupal se torne difícil e incluso imposible, en el caso de sistemas políticos de gran escala37. Propuesta explicativa del sistema de Moray Mientas la mayoría de los autores reconocen la relación de las unidades de tiempo del calendario con las actividades agrícolas específicas en esta región de los Andes, al menos por nombres de meses (ej., julio y octubre son conocidos como chawa warkis [purificación del suelo] y uma raymi [festival del agua], respectivamente), muy pocos han prestado atención a las reales mecánicas de cómo un calendario habría funcionado para la programación agrícola (Earls, 1986, 1989; Urton, 2006; Orlove, Chiang & Cane, 2000; Araujo, 2008; Zuidema, 2011). Como se ha visto antes, las gradientes de altitud y clima dan como resultado una mayor sensibilidad microclimática. Al combinarse esta con el incremento de la incertidumbre climática que se da con la altura (Winterhalder, 1994), se crean dificultades sustanciales para la programación de la agricultura en la dimensión vertical, lo cual exacerba el problema de coordinación de grupos dispersos. La estructura del sistema de Moray se extendió y sistematizó los procesos de intercalaciones astronómicas calendáricas para los ciclos agrícolas. Earls propone que los sectores de los muyu tuvieron el propósito de simular las estructuras microclimáticas de otros sistemas de terrazas más grandes, y así facilitar la coordinación general entre ellos. También habría podido permitir la prueba de comportamientos de las cosechas para diferentes condiciones de disponibilidad de agua y calor ambiental (Earls, 1989, 2006a). La geometría del muyu permite la interacción de la exposición solar y la estructura hidráulica, por ende, genera patrones microclimáticos distintivos sobre las terrazas. La interpretación de Earls es que los calendarios enclavados en Moray pudieron haber servido para calibrar el tiempo de maduración de las cosechas a las distintas condiciones macroclimáticas en los sectores de terrazas. Los incas utilizaron la estructura del sistema para 269

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