El imperio inka

mecanismos que suavizan el mosaico de microclimas naturales, reemplazándolos con una relación simple de proporcionalidad entre la altura, los ciclos vegetativos de las cosechas y los requerimientos de agua. De esta forma permiten un alto grado de administración/coordinación a nivel usuario del que habría sido posible en un ambiente natural no aterrazado. Por ejemplo, en la comunidad quechua de Andamarca (Ayacucho, Perú), a unos 3200 metros sobre el nivel del mar, una ladera está ordenada en bloques de ocho a doce terrazas contiguas (misno en quechua): cada una es asignada una fecha para la irrigación en la secuencia de tiempo definida por la altitud de manera que misnos sucesivos sean irrigados en días sucesivos (Juan Ossio, 2010, comunicación personal; prácticas similares son descritas por Treacy [1994] y Trawick [2002]). Las terrazas andinas pueden ser entonces consideradas como artefactos de ingeniería microclimática que generan relaciones simples entre las actividades agrícolas y lo que se denomina «ritmo de intervalo ambiental» (nuevamente, el intervalo de disminución de temperatura atmosférica con el incremento de altura). A la luz de la variabilidad climática mencionada y de la imposibilidad de manipular las variables macroclimáticas, parece más factible que cada control climático en el sistema Moray haya sido expresado microclimáticamente en su estructura aterrazada. De acuerdo con la tradición oral local, Moray fue una universidad inca para la agricultura, con diferentes climas representados en sus diferentes niveles y sectores. El arqueólogo del Cuzco Manuel Chávez Ballón (comunicación personal, 1976) consideraba que el interés inca en la investigación en agricultura era la explicación más plausible para el diseño de este sitio. Este investigador fue aún más lejos, hasta construir una maqueta de arcilla de las terrazas, estudios que lamentablemente no se publicaron. Nuestra tarea fue por consiguiente realizar lo siguiente: 1. Identificar una relación entre las estructuras geométricas de las terrazas y la distribución de los microclimas sobre ellas, 2. Demostrar que la relación es intencional, es decir, no es al azar o explicable en términos de factores como la fase de intervalo ambiental; y 3. Determinar empíricamente que las fechas claves del sistema del calendario inca están marcadas en la estructura aterrazada. 259

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