El imperio inka

también debían hacerles seguimiento para asegurar que su servicio como mano de obra estuviese adecuadamente tabulado. Aunque en teoría este servicio podía darse por un periodo limitado de tiempo, generaba tal nivel de resentimiento entre la población que el abandono de estos deberes parece haber sido un problema constante, ya que los incas instituyeron penalidades para los ofensores reincidentes. Como muchos otros aspectos de la política estatal incaica, el inicio del programa de reubicación fue atribuido al legendario fundador imperial, Pachacútec. Se dice que su meta era reducir la resistencia local al reubicar a los pobladores reticentes a zonas remotas como cuarteles, donde su bienestar dependería de estar en buenos términos con los señores a cargo. Esta política tenía la ventaja adicional de limitar la posibilidad de resistencia coordinada entre los pueblos sometidos. Con el tiempo, los incas también la utilizaron para plasmar su visión del orden mundial bajo el imperio. Para ese fin, reubicaron a miembros de múltiples grupos étnicos en doce distritos alrededor del corazón de Cuzco imitando la distribución de estas sociedades a lo largo de todo su territorio. Por otro lado, exportaron el centro hacia las provincias, creando seis «nuevos Cuzcos» desplegados (conceptualmente) en la misma forma que la capital incaica. También reubicaron a miembros de por lo menos 42 grupos étnicos en el centro sagrado de Copacabana, en la costa sureste del lago Titicaca (Ramos Gavilán, 1976) (fig. 7.3). La importancia de este centro residía en su rol como puerta de ingreso a las Islas del Sol y de la Luna, lugar de origen del mundo inca. 209

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