El imperio inka

siguiendo líneas distintas que las que usualmente se consideran para mercados emergentes o economías industriales. La mejor descripción de las características principales de la economía inca se encuentra en el texto clásico de Murra (1980[1956]). Como explicó, esta se fundó inicialmente en las capacidades productivas de los contribuyentes que trabajaban para generar recursos específicos que los incas luego utilizaban de manera exclusiva. En términos económicos, los incas concebían su proyecto imperial como uno de dominación sobre poblaciones, cuyos recursos se apropiaban en el proceso. Cada vez que anexaban un nuevo grupo étnico, reclamaban virtualmente todo25 lo que hubiera en el nuevo territorio, designando una porción a las comunidades súbditas para su propia supervivencia y prerrogativa. Un principio crucial que subyacía a la lógica incaica era el de que las comunidades súbditas debían mantenerse como autosuficientes. Las personas recibían acceso a sus recursos tradicionales a cambio de mano de obra y de que rindiesen culto al gobernante, que personificaba al Estado y al Sol. Esa idea era presentada como una extensión de las antiguas relaciones que existían entre muchos caciques locales y sus pueblos, los que trabajaban en un marco de mutua obligación. Para la invasión española de 1532, tanto el Estado inca como las instituciones oficiales poseían tierras de cultivo, campos de pastoreo y rebaños de los camélidos indígenas que habían sido domesticados: la llama y alpaca. Es por eso que el Inca Garcilaso de la Venga (1966[1609]) podía afirmar que los recursos del imperio estaban divididos en tres partes, aunque no en igual medida. Aun así, como señala Murra, los incas transformaron lentamente la economía de dos formas cruciales durante su periodo hegemónico. Primero, emprendieron un programa de reubicación masiva, creando cientos de colonias internas y fronterizas, cuyos miembros fueron asignados a tareas agropastorales, artesanales o de seguridad (por ejemplo, Espinoza, 1970, 1973, 1983; D’Altroy, 2005). Estos trabajadores —e incluso comunidades enteras trasplantadas desde su lugar de origen— produjeron importantes cantidades de textiles, bienes metálicos, cerámicas, artefactos de madera y objetos manufacturados. Segundo, las familias reales, miembros de la aristocracia incaica y caciques locales, desarrollaron propiedades en las que trabajaban familias o comunidades súbditas (ver capítulo 13 por Niles). Para la invasión española de 1532, estos feudos expansivos, usualmente dispersos en zonas ecológicamente complementarias, tenían amplios equipos de personas asignados de manera 197

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