El imperio inka

establecida bajo la influencia de la cultura Tiwanaku en algún momento a finales del siglo VI o principios del siglo VII. Sin embargo, resultados del presente estudio sugieren que estas dos culturas, desde la perspectiva de la composición genética, representan, sin duda, diferentes poblaciones (véase el capítulo 3 por Cerrón-Palomino). La figura 4.9 indica además que, con algunas excepciones, tanto las poblaciones modernas como las antiguas puede ser vistas como una población regional con características aproximadamente idénticas. En nuestro análisis, la población se divide, a grandes rasgos, en tres regiones de los Andes (las tierras altas/altiplano del sur, las tierras altas del norte y la costa norte). En cada región, la antigua población (grupos prehispánicos particularmente tardíos, como los wari y del sicán) fue similar en composición genética a la población actual. La población de Machu Picchu e inmediaciones demostró tener ADN similar a la de la población actual del altiplano (es decir, a la población boliviana aimara). También en esta comparación, la población del Cuzco surgió como una excepción que se colocó más allá del rango de la población de las tierras altas/altiplano del sur en términos de la composición de ADN. Como se indicó anteriormente, las poblaciones regionales de hoy en día preservan una aproximada composición genética a las poblaciones prehispánicas tardías. Sin embargo, la cultura Chiribaya en la región costera del sur ha sufrido cambios dramáticos en su composición genética bajo la influencia de poblaciones provenientes de las tierras altas o altiplano del sur, a través de la época inca hasta el periodo colonial (Shinoda, Guillén & Shimada, 2010). Podemos afirmar que, aunque la composición del ADN cambió poco en las regiones altamente pobladas (costa del norte, las tierras altas/altiplano del sur, etcétera), donde los estados primarios florecieron desde tiempos antiguos, las poblaciones en las áreas circundantes sufrieron ocasionalmente cambios en la composición de ADN bajo la influencia de grupos de otras regiones. Como se ilustró anteriormente, mientras que la diversidad genética en conjunto es baja entre los pueblos indígenas del Nuevo Mundo, un alto nivel de diferenciación ocurrió dentro de las poblaciones regionales. Esta tendencia ha sido confirmada en el presente estudio para la región andina. Por más de cuatro mil años, las antiguas civilizaciones andinas repitieron ciclos de ascenso y descenso en esta región. A pesar del hecho de que durante algunos periodos una poderosa cultura emergió e integró gran 132

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