El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911

-25- daría lugar a graves disidencias, ya esa concesión por sí sola revelaría cierta duda en el sistema, lo que lo desprestigiaría infundiendo perniciosa desconfianza; y 2.ª Porque en los pueblos sería aún más factible y ventajosa la coedu– cación, porque se vive casi en comunidad, y porque se podrían refundir unas escuelas en otras, dejando una donde hay dos, dos donde existen cuatro, lo que concretando la atención de la dirección de enseñanza y de las autoridades locales a menor número de escuelas, haría más fácil el mejoramiento del edificio, del material de enseñanza del profesorado: ventajas indiscutibles que podrían perderse si las autoridades del pueblo optaban por las escuelas unisexuales. Instrucción media y superior para la mujer.- Al plantearse el tras– cendental problema de la instrucción media y superior de la mujer, hay que tener en cuenta la triple faz doméstica, sociológica y económica que presenta. Es un axioma que la primera y más importante misión de la mujer es la de la maternidad, bien sea fisiológica y psicológicamente, bien sea solo psicológicamente para con los hermanos, sobrinos, allegados, sirvientes, que casi indefectiblemente tiene la mujer bajo su dirección, dándoles por ley ineludible de la naturaleza la primera educación: la educación domés– tica. Tampoco necesita demostrarse, pues si no lo hubieran hecho ya, con toda evidencia, los más ilustres filósofos y pedagogos, nos lo probaría una somera observación de los hechos reales, que la vida del hogar influ– ye de manera incontrastable en el carácter del individuo: "dime quiénes son tus padres, te diré quién será el niño", dice el moralista Smiles. De esta fatal verdad emerge la perentoria necesidad de perfeccionar por medio de una sabia educación las facultades de la mujer, capacitándo– la para que pueda dirigir digna y acertadamente el hogar, ser la perfecta compañera del hombre equiparándole a él moral e intelectualmente, y cooperando en sus labores si preciso fuera; para que pueda encender en el intelecto del niño la chispa inicial del saber, sembrar en su tierno corazón el germen fecundo de los más excelsos sentimientos, y ejercer, en fin, en cuantos la rodean, noble y benéfica influencia, generando la felicidad de la familia. De esta premisa de verdad incontrovertible se saca, pues, la conclu– sión de que en la educación de la mujer se debe dar la preeminencia al desarrollo de las virtudes domésticas. · Contemplando la educación femenina bajo el punto de vista socio– lógico, se pueden alegar las mismas fundadas razones precitadas en el

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