El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911
-19- rada y ventajosamente, la lucha por la existencia, substrayéndose al exa– gerado sentimentalismo, y a las pasiones irreflexivas que acompañan a la inercia y la molicie, y no siendo ya su única carrera el matrimonio, ni su única fuente de bienestar, no lo contemplará a través del prisma del inte– rés, yendo a él a ser la indolente consumidora del producto de los esfuer– zo del esposo, sin darle en cambio su ternura, sin comprender su menta– lidad, sin ayudarle, en la penosa labor, sino que formándose un concepto elevado del amor, engrandeciéndolo y purificándolo, lo fundará sólo en la apreciación de las cualidades morales, y aceptará el matrimonio como la fusión de dos almas pensantes, para actuar activa y armónicamente en los complejos y múltiples procesos de la vida común. Y luego, si por desgracia el esposo falta, el vendaval de la miseria no azotará este hogar, haciendo víctimas de sus furias a los tiernos niños, a la pobre viuda, ni el deshonor, aceptado en cambio de aleatorio bienestar, lo señalará con su negro estigma, pues la viuda, mujer Ilustrada, apta, y de carácter digno, sabrá continuar sola la lucha por la vida, hallando los recursos necesarios para sostener la familia con inmaculado honor. La liberación intelectual, moral y económica de la mujer, traerá como consecuencia lógica y precisa, el reconocimiento de sus derechos civiles y políticos, su dignificación y emancipación completa, como lo exige la justicia que inspira las leyes modernas. Y para llegar a la realización de este hermoso ideal, no hay más medio que la educación; una educación perfectiva según el programa que a gran– des rasgos, bosqueja en su interesante estudio «Tendencias de la educación femenina», la distinguida educacionista, Elvira García y García, esa infati– gable y altruista adalid de la elevada cultura de la mujer en el Perú. En todos los países adelantados como Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Méjico y la Argentina, los gobiernos dedican especial atención al importante problema de la educación superior de la mujer, desenvol– viendo su compleja personalidad de esposa y madre, de benéfico factor social, de persona inteligente y apta, capaz de conquistar por sus propios esfuerzos, el bienestar de la familia. Lamentablemente entre nosotros, aún no ha habido un pedagogo, un pensador, un hombre público, que impulse la evolución femenina. Sola– mente en unos pocos liceos particulares, ilustradas señoritas, de espíritu elevado, anhelante de redimir a su sexo de la cultura depresiva y fatídi– ca, han establecido la enseñanza secundaria; pero desgraciadamente ni puede ser accesible a las niñas de escasos recursos, ni su organización al– canzar la perfección debida, por las pequeñas proporciones en que tienen que sostenerse, a consecuencia del reducido número de alumnas, que le da una sociedad refractaria a la vasta cultura de la mujer.
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