El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911
-20- La que cuenta con facilidades económicas no desea instruirse y la de precaria situación lo anhela, pero no puede pagar la alta pensión que las directoras, no obstante sus buenos deseos de propagar la instrucción, se ven obligadas a fijar, y así se esterilizan muchas inteligencias privi legia– das, que la educación habría hecho fecundas y benéficas, potentes, pro– pulsoras del adelanto femenil. Siendo, pues, precisa la necesidad de la cultura superior de la mujer, y no bastando a impulsarla los nobles esfuerzos aislados de algunas edu– cacionistas, es urgente ya que la sociedad y el gobierno le concedan eficaz protección. Y esta protección no debe limitarse ún icamente a procurar educación a las jóvenes, sino que es necesario se extienda al campo de la industria, del comercio, de la administración pública, faci litando el acceso de la mujer a los puestos que pueda ejercer, para mejorar su hoy apremiante situación económica. Recientemente la comisión encargada de elaborar un proyecto de ley orgánica de instrucción, que preside el distinguido intelectual doc– tor Manuel Vicente Villarán, expone en el cuestionario que ha publi– cado, la necesidad de fomentar la instrucción media para la mujer, y somete a la discusión de todos los pensadores del país, varios puntos referentes a la manera como el Estado debe propender a la realización de dicha urgente necesidad. Tan importante iniciativa debe ser acogida con vivo interés, con aplausos y con ardiente anhelo de que se realice, en particular por el ele– mento femenino, y en general, por la sociedad toda, y el legislador, y el ministro, el escritor y el conferenciante, los educacionistas y los padres de familia, cada uno en el radio de acción que le corresponda, debemos hacer converger nuestras energías hacia la efectividad de la elevada cultu– ra de la mujer, y de su mejoramiento en todas las fases de su vida. Y con ello haremos labor altamente patriótica, pues ya conocemos su determi– nante influencia en la educación, que es la base de la prosperidad de los pueblos. «Los hombre serán siempre lo que quieran las mujeres; el que desee a aquellos grandes y virtuosos, eduque a éstas en la grandeza y en la vir– tud», dijo Rousseau; Mirabeau y Say sostuvieron que «por la educación de las mujeres debe comenzar la de los hombres»; Leibnitz sanciona este elevado concepto, diciendo: «Siempre he creído que el género humano se miraría transformando, si se reformase la educación de la mujer». En apoyo de estos principios tenemos los hechos de la vida diaria, y la biografía de los hombres célebres: el gran Napoleón atribuye a su
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx