El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911
-15- representación nacional, habiendo sido elegidas en este último país en 1907 diecinueve diputadas; en Nueva Zelanda e Islandia, ejercen cargos públicos; en Francia los comerciantes eligen jueces para los tribunales de comercio; y en Rusia las propietarias votan en las elecciones de miembros de la Duma. Y es preciso tener en cuenta que estos resultados representan una la– bor ardua, enérgica y audaz en sumo grado, en la que se mezclan muchas ingeniosas estratagemas como las empleadas por las señoras inglesas, a cuya cabeza figura una dama de la más distinguida alcurnia; ellas despre– ciando las vanidades, afrontando el ridículo, caminan por las calles entre dos grandes carteles que anuncian sus reuniones; asaltan los coches de los ministros; ponen sitio a las oficinas de los funcionarios que se niegan a recibirlas, y hubo una miss que deseando hacerse oír en el parlamento de Londres, y sabiendo que en cuanto comenzase a hablar sería arrojada afuera, se compró una fuerte cadena, se ató con ella a la balaustrada del palco, y arrojo la llave entre la multitud, dando entonces principio a su discurso que tuvo que ser oído hasta el fin, porque, ¿cómo sacarla afuera si estaba encadenada, y era difícil encontrar la llave del candado? Escritores respetables informan que las señoras casadas ejercen los cargos públicos, simultáneamente con los más solícitos deberes domésti– cos, siendo amantes madres, esposas dignísimas, inconmovibles sostenes del hogar; que la mujer ciudadano es recta y proba no dejándose seducir por mezquinos intereses particulares, sino que otorga su voto a aquel que por sus honrosos precedentes, de más garantías de trabajar por el bien público; y finalmente, que las que desempeñan el cargo de alcalde hacen especial labor de saneamiento social, adoptando enérgicas y eficaces pro– videncias para atenuar el vicio envilecedor. Esto en el extranjero; pero entre nosotros ¿cuál es la evolución fe– menina? Sabido es que en nuestra Patria, como en casi todos los países de raza latina, con ligeras variantes, imperan aun con respecto a la cultura y con– dición de la mujer, muchos de los erróneos conceptos y prejuicios medio– evales; así nos domina innata repugnancia por las profesiones liberales Y empleos públicos, creyendo en nuestro vano orgullo, y desconfianza de la virtud, que degradan a la mujer y la exponen al peligro; imperan las conveniencias que coactan la libertad de que vaya sola donde desee Y necesite, considerándola depresivamente como un ser débil en lo físico Y lo moral, que necesita vigilancia y protección perpetúas; se le inculca
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