El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911

-13- doña Concepción Arenal, ese gran talento filosófico jurídico de que se enorgullece España, que tan extensa labor hizo, desempeñando también importantes puestos en la magistratura, fue igualmente tierna y solícita esposa y madre; lo mismo que la condesa de Pardo Bazán, cuya superio– ridad en literatura es ya indiscutible. Y si de lo particular pasamos a lo general, vemos que en los Esta– dos Unidos, donde tan alto desarrollo ha alcanzado la cultura femenina, donde la mujer ejerce ampliamente las profesiones liberales, y conquista a pasos agigantados la independencia personal y los derechos políticos, la población ha aumentado veinte veces en un siglo mientras que en la China, reinando desde época inmemorial, el ideal antifeminista de que la mujer sea, exclusivamente de la casa, la población sólo se ha hecho mayor diez veces en diez siglos, lo que disipa por completo el temor, de que la vida intelectual femenina sea causa de despoblación. Otra faz del problema: todos los hombres aun los más recalcitrantes antagonistas de la emancipación de la mujer, le conceden superidad en el sentimiento; pues bien, el patriotismo es sentimiento y desde luego, la mujer debe sentirlo con mayor intensidad que el hombre, y así es en efecto: lo prueba la historia de la antigüedad, las heroicidades femeniles de Esparta, de Numancia y de Cartago; lo prueban los hechos de la edad medioeval; los de la época moderna y contemporánea; cuando los go– biernos, los hombres, impotentes y abatidos tras estéril lucha, renuncian a los legítimos derechos nacionales, consienten la desmembración del te– rritorio y abandonan parte de los compatriotas al despotismo del orgu– lloso vencedor, la mujer es la única que llena de energía, altiva con las gloriosas tradiciones, desafía temeraria las furias del opresor, alentando en optimismo obsesionante generación tras generación, el fuego sagrado del patriotismo, y elevando el ideal de la reincorporación en un porvenir venturoso: tal sucede en Polonia, en Alsacia y Lorena; en nuestras cauti– vas Tarapacá, Tacna y Arica. Y icómo no citar aquí ese hecho grandioso sin parangón en la histo– ria, de las mujeres de Suli que relata Willemain en sus «Estudios de His– toria Moderna», y que ha servido de asunto a un magnífico cuadro de Ary Scheffer! Derrotados los suliotas por Aly, verdugo de Grecia, después de heroica resistencia, tuvieron que aceptar nuevamente combate en las alturas de Solongos, donde se habían refugiado: desde la cumbre de una escarpada roca sesenta mujeres con sus hijos en los brazos, presencian la lucha desigual, y al ver todo perdido, no quieren criar esclavos para el tirano, no quieren sobrevivir a la libertad de la patria: arrojan sus hijos al abismo, se cogen enseguida de las manos haciendo un círculo, y bai– lan fúnebremente; a cada vuelta se rompe la cadena y rueda una mujer al

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