El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911
-12 - las mayores ventajas posibles, luego, pues, es deber sagrado del Estado ponerla en condiciones de obtener estas ventajas, en la medida de sus aptitudes, y como el orden económico se relaciona íntimamente con el civil y político, la mujer tiene opción a gozar de la plenitud de los dere– chos, con que las leyes garantizan el bienestar de la persona humana en el mundo civilizado. Y contemplando el asunto exclusivamente por el aspecto de la mater– nidad, de la sagrada misión de la madre de formar el corazón y el carácter del hijo, fluye la necesidad de que la mujer sea vastamente instruida, apta y de que goce sin limitación, de los derechos y cumpla los deberes que éstos implican, para que con la fuerza prepotente del ejemplo forme la personalidad del ciudadano, en la integridad de las complejas funciones humanas. Obstinados en su oposición los antifeministas argumentan aún: en toda asociación por pequeña que sea, como el matrimonio, es necesa– rio una autoridad para que haya orden; si se d ispensa a la mujer de la subordinación al marido, vendrá la anarquía, el caos, la disolución de la familia. No será así, pues la naturaleza con sus sabias leyes evitará esta catástrofe estableciendo la subordinación natural; el cerebro de mayor potencia psíquica, sea intelectual o afectiva dominará a l más débil esté en la cabeza del hombre o en la de la mujer; así si esta posee la superioridad, será la que rija la sociedad matrimonial como pasa en el día, y desde épo– ca remota no obstante el mandato de la ley, y, -dice con noble hidalguía Novicow- ¿porqué esa hipocresía ridícula, ese vano orgullo y ese terror pueril de la realidad, porqué no reconocer de derecho lo que de hecho existe? Además, todos conocemos innúmeras familias en que no hay hom– bre que domine, ni autoridad alguna imperativa; en que sólo el amor, la solidaridad y los acuerdos racionales, mantienen inalterable el orden y la felicidad domésticas. También argumentan que el trabajo intelectual de las funciones po– líticas, esterilizan a la mujer y le impiden el cumplimiento de los deberes de familia: María Teresa de Austria, esa inteligente y enérgica soberana que luchó contra la coalición de poderosos estados, salvando a su patria de la desmembración, por lo cual mereció que su adversario Federico II dijese de ella: "que era una mujer que hacía honor a su sexo y a su trono, y que llevó a cabo designios dignos de un gran hombre", no obstante su intensísima labor intelectual, excedió en fecundidad a la mujer obscura, sin ocupación liberal, dando a luz dieciséis hijos; la reina Victoria que no sólo supo sostener en un larguísimo reinado la preponderancia de su patria, sino que incrementó aún más su poder, fue amantísima madre;
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