El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911

-7- También la historia nos muestra eminencias femeniles en el difícil ejer– cicio de la administración pública: doña María de Molina la Grande, de– fendiendo la corona de su hijo y nieto sucesivamente, de las temibles ambi– ciones e insidias de sus poderosos parientes, y actuando en la regencia del reino en dos largos períodos con talento y prudencia; Isabel La Católica, dirigiendo personalmente a sus ejércitos para consumar la reconquista de España, y protegiendo a Colón, no obstante la oposición de su esposo, y la premiosidad del tesoro, en la grandiosa empresa que le llevó a un Nuevo Mundo; Catalina I y Catalina II de Rusia, continuando eficientemente la obra de civilización y engrandecimiento nacional comenzada por Pedro el Grande, son fehacientes ejemplos de la aptitud de la mujer para las funcio– nes públicas. Según la costumbre y la opinión general, nada más impropio para la mujer que la estrategia militar, y sin embargo, en los anales históricos en– contramos mil casos de mujeres que han tomado valerosamente parte en los combates, en la defensa de las ciudades, y en la dirección del plan de campaña, superando las aptitudes varoniles: así vemos a Juana de Arco inflamada de patriotismo atacar, al frente del ejército francés, al ene– migo, y derrotarlo, libertando a su patria de la humillante y desastrosa invasión inglesa, que no pudieron rechazar veteranos capitanes; a María Pita, que en el sitio de la Coruña, estando ya la victoria por el enemigo y la guarnición dispuesta a capitular, arrancó la espada a un soldado, y ex– clamando: - "El que tenga honor que me siga" acometió con tan pujante valor, que los demás sugestionados la imitaron, cambiándose al poco rato la derrota en triunfo. Felipe II premió tan sublime heroísmo, dándole el grado y sueldo de alférez y Felipe III perpetuó en sus descendientes renta y título; también vemos a las mujeres holandesas tomar parte activa en la defensa de la ciudad de Harlem, sitiada por los españoles y obligar a éstos a retirarse cuando pretendieron introducirse por una brecha que abrieron con su artillería; en el asalto de los mismos a la ciudad Allkmaar, igual– mente pelearon al lado de los hombres e influyeron en el triunfo alcanza– do; durante la expedición de los españoles a Oriente, la plaza de Gallipoli quedó solo guarnecida por las mujeres de los almogavares. Entre nosotros no ha faltado tampoco el tipo de la mujer valerosa: célebres son las arequipeñas por su carácter resuelto; y doña Francisca de Gamarra, que vestida de coronel a la cabeza del ejército sofocó una sedición popular promovida contra el gobierno de su esposo, es una in– teresante heroína, digna de ser inmortalizada en la literatura histórica. En la guerra separatista de los Estados Unidos, Miss Anna Ella Ca– rroll, fue la verdadera directora de la campaña, pues mandando memo– rias y planos al Ministerio de la Guerra, consiguió que se desechase el

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