El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911

- 6- dole: "El Eurotas no corre para los ciervos"; a otra madre le anuncian que han perecido en el combate sus cinco hijos. "No es eso lo que pregunto -contesta ella,-sino: si es de Esparta la victoria. ¿Sí? Pues entonces rin– damos gracias a los dioses". Pausanias traiciona a su patria, se refugia en el templo de Palas huyendo de la muerte a que es sentenciado, y su propia madre carga la primera piedra, para que sea tapiada la puerta, y muera de hambre el traidor. Mandricila, llena de valerosa altivez, dice a Pirro, el enemigo que combatía a Esparta: -"Si eres un dios no debemos temerte, porque no te hemos ofendido; si eres un hombre, aquí hallarás quienes lo son más que tú". Y, finalmente, habiendo ordenado a las mujeres que se retirasen du– rante un asedio que sufría la ciudad, todas se niegan; y Arquilamia, en representación de sus compañeras, dice a los Eforos: -"Romped ese de– creto injusto; nos deshonráis creyéndonos asaz cobardes para sobrevivir a la patria; queremos vencer o morir con vosotras". En Roma, Lucrecia se da la muerte porque en su altiva dignidad no puede sobrevivir al vil ultraje recibido; Cornelia forma de los Gracos, sus hijos, verdaderos ciudadanos patriotas y amantes del pueblo; Porcia intenta suicidarse al ver que su esposo no la cree digna de poseer el se– creto que le preocupaba, y lo secunda después con grande entereza, en el atrevido proyecto de dar muerte a César para libertar la república de la tiranía; en Alejandría, Nipatía domina las ciencias y obtiene una cátedra en la Universidad, no obstante los prejuicios existentes contra su sexo. Estos hechos eminentes que nos trasmite la historia de la remota antigüe– dad, y otros que silencio porque no caben en los estrechos límites de una conferencia, prueban de manera incontrovertible la capacidad de la mujer para las múltiples funciones de la actividad humana. En el negro ignorantismo de la edad medioeval, y en la época de la moderna, también surgieron por sus eximias dotes y propios esfuerzos, Roswitha, doña Beatriz de Galindo, Santa Teresa de Jesús, doña Juliana Morell, doctora en derecho civil y canónico a los catorce años de edad, Y eminente políglota que escribía correctamente en catorce idiomas; ma– dama de Sevigné; Místress Barbauld; la doctora de Alcalá, graduada por gracia especial en Filosofía y Letras a los diecisiete años; Laura Bassi; María Cayetana Agnesi, que ocupó una cátedra de Matemáticas en Bo– lonia por autorización de Benito XIV; Madama Necker; Carolina Hers– chel, y ya en nuestros días Madama Cuvier; y muchas otras que forman una fúlgida pléyade de culminantes talentos femeninos, que abrieron a la mujer el encantador vergel de la literatura, y el maravilloso arcano de las ciencias.

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