El feminismo : conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911
- 4 - pañera del hombre, no se modificaron las leyes, ni las costumbres, ni el concepto de inferioridad en que se la tenía, y la infeliz mujer siguió el calvario de su secular cautiverio, más depresivo aún, porque se le seña– laba como el origen del mal, como el instrumentum diaboli, o como ins– trumentum calamitatis, y como fuente de impureza, habiéndose llegado a deprimida hasta el extremo de dudar que tuviera alma y que perteneciese en verdad al género humano, según se expuso y se discutió en el concilio de Macon, como refiere Gregario de Tours. Imponíasele para contrarrestar sus malas tendencias un severo asce– tismo y constante maceración, a la vez que continuó sometida a la auto– ridad del jefe de la familia, que reglaba su vida, y determinaba su matri– monio, sin consultar sus deseos, gustos, ni sentimientos. Por lo anotado y conociendo que la característica de los primeros siglos de la edad medioeval, fue el desprecio del cuerpo y de todas las co– sas terrestres, inclusive la educación intelectual, para hacerse acreedores a la felicidad eterna, se comprende que el pensamiento de la mujer quedó sumergido en la negra noche de la ignorancia, que en aquel ciclo de es– pantosa retrogradación envolvió el mundo occidental. Más no obstante los prejuicios que la escolástica acumula contra la mujer, el espíritu romántico y caballeresco del guerrero feudal, la eleva a una altura sin precedente en la antigua civilización, rindiéndole un férvi– do culto amoroso que lo arrastró a deponer su soberbio orgullo, su valor indomable, y su inflexible lealtad, ante su dama, tomando por divisa el color favorito de ésta, y luciéndolo en los torneos, cual prodigioso amu– leto, que le daría el triunfo. También el derecho feudal le concedió la he– rencia de los títulos señoriales, de las posesiones y del dominio de ellas. Y finalmente, la misma teología que al principio dudó que tuviese alma, la encumbró a la santidad y enalteció al sexo todo, asociando a la obra de la Redención: una mujer, la Madre del mártir, Nazareno. A pesar, pues, de las prevenciones, de los prejuicios, del mal ambien– te, se inició una evolución favorable a la mujer: la castellana alcanzó gran dignidad, prestigio e influencia en la vida de familia y en todo el feudo; y cuando su esposo marchaba a la guerra, ella ejercía acertadamente el dominio y dirigía la defensa del castillo, si algún enemigo excitado por esos odios de raza, que han ensangrentado las páginas de la historia de esa época, lo atacaba aprovechando la ausencia del señor feudal. Entonces, por su influencia cada vez más preponderante, por su mi– sión de madre, se pensó al fin en cultivar su inteligencia, y se establecie– ron congregaciones religiosas para dar a las jóvenes una educación siste– mática. Las Ursulinas fundadas en 1537; la asociación de Angélicas; la orden de Santa Isabel, fueron las principales.
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