el escándalo la seguridad de obtener su libertad, dio lugar a escenas agitadas y sangrientas, que fueron severamente reprimidas y escarmentados sus autores, volvió el orden y la tranquilidad a un establecimiento en donde la paz había huido […]. Pero graves dificultades se me presentaban diariamente con los jefes políticos que reemplazaron al señor Guerrero, durante la licencia que le concedió su gobierno, con el Tribunal Militar y con los jueces de Lima y el Callao. Se me remitían reos sentenciados por los tribunales chilenos, los mismos que devolvía con la declaratoria de 20 de diciembre. Este rechazo irritaba a las autoridades chilenas, con las que tuve diálogos violentos130. De la Puente hizo respetar la autoridad del gobierno provisorio sobre la administración de la Penitenciaría. Fue por ello que finalmente Guerrero decidió retirarlo del cargo en mayo de 1882, y nombrar en su lugar a José P. Escobar131, medida que De la Puente aceptó sin poner obstáculos132. Entretanto, el final de la guerra no se veía próximo, por la resistencia peruana en la sierra, y por la negativa del gobierno provisorio a firmar la paz con cesión territorial. Todo ello generaba inquietud y tensiones en el seno de la clase dirigente chilena. Dos años antes, en junio de 1880, Lynch había expresado por escrito cómo sus expediciones no debían incurrir en abusos que generaran mayor aversión en la población peruana, precisamente para que la guerra no se prolongara: De ninguna manera comprendería su objeto causar daños que no nos reportarán provechos directos; nada de incendios ni de destrucciones vandálicas; con operaciones de esta naturaleza, lejos de alcanzar el fin racional de la guerra, se obligaría al enemigo a negarse a toda transacción, porque con ello se hace nacer la desesperación de una lucha sin término, ni cuartel (Torrico, 2012, pp. 49-50). Sin embargo, los hechos discurrieron por otros cauces, y las expediciones de Lynch causaron daños y abusos innecesarios. Por otro lado, Lynch se apoyó en el argumento de las divisiones políticas entre los peruanos, y del caos existente en varias localidades por los abusos perpetrados por autoridades o tropas peruanas, para plantear un sistema de organización dirigido por los chilenos. En efecto, al revisar su memoria (1882) encontramos esos argumentos para justificar la avanzada de las expediciones. Sucedió así en el caso de Chincha y Pisco en enero de 1882, donde fue destacado el coronel Leoncio Tagle, o en algunas provincias de Cajamarca, adonde llegó la expedición de Urízar Garfias, a fines del mismo mes. Fueron múltiples los casos de abusos cometidos por los ocupantes chilenos. Por ejemplo, Mc Evoy recoge variados testimonios en 88
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