chileno sobre sus vecinos boliviano y peruano que puede rastrearse desde varias décadas antes de la guerra. En un trabajo anterior (Puente Candamo & Puente Brunke, 2008, p. 22) hemos recogido las referencias presentadas por Simon Collier en este sentido: ya en fecha tan temprana como 1839 se afirmaba en Chile que ese país era objeto de admiración y elogio por su estado de civilización y tranquilidad; dos años después un periódico sostenía que ese país estaba a la cabeza de la civilización en Sudamérica; en 1857 otro periódico afirmaba que Chile era la primera de las naciones de América del Sur, y al año siguiente se decía que era «la Inglaterra de Sudamérica». Por su parte, en 1841 el ministro del Interior manifestaba ante el Congreso que Chile representaba una «espléndida lección» para otros países, y en 1853 el joven Diego Barros Arana sostenía que lo que había sido una provincia desgraciada del imperio español era entonces una república establemente constituida y admirada incluso en Europa (Collier, 2003, p. 146). Los periódicos chilenos que se publicaron en Lima durante la ocupación —La Actualidad, La Situación, El Diario Oficial y La Patria— pusieron énfasis en reflejar el contraste entre esa «superioridad» chilena y el caos y el desorden que representaba el Perú. A través de las noticias que presentaban, y de artículos diversos, exaltaban las victorias chilenas durante la campaña naval y la campaña del sur —entre 1879 y 1880—, al igual que la ocupación de Lima; además, daban cuenta de lo que acontecía en las provincias y con el gobierno provisorio, a la vez que enaltecían siempre a las fuerzas chilenas. De este modo, coadyuvaron a lo que Mc Evoy ha denominado «el desarme ideológico de los vencidos» (2011a, p. 362). En efecto, al revisar los periódicos antes mencionados se advierte en muchos casos la tergiversación de los acontecimientos, o la presentación de la información sobre estos de modo incompleto, con el objetivo de preocupar o desanimar a la sociedad limeña, y de enfatizar el mensaje en torno a que la paz debía llegar bajo las condiciones establecidas por Chile. Así se advierte en lo referido a las informaciones ofrecidas sobre la expedición emprendida por Lynch y Gana en enero de 1882, y que tenía como objetivo la captura de Cáceres. Según relata Bulnes, Lynch se opuso a dicha expedición, pero «sus observaciones no fueron oídas» (1919, III, p. 262). La dureza del clima, lo complicado de los caminos y la salud resquebrajada de los soldados por la epidemia de tifus obligaron a los expedicionarios a regresar a Lima sin haber cumplido con su objetivo 82
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