atención al visitador con el fin de que tomara las medidas pertinentes para dichos cobros con la confiscación de productos que se encontraran en las aduanas y que fueran de propiedad de dichos comerciantes. Además, todos los pagos de las aduanas a su cargo debían tener su supervisión y no se aceptarían libramientos a sola firma del comerciante ni pagos a cuenta de la Delegación [279]. Se plantearon otras iniciativas con el objeto de obtener recursos. Así, el 29 de abril de 1882 el gobierno provisorio autorizó a los delegados a hipotecar bienes raíces del Estado «por las sumas indispensables para llenar las exigencias premiosas del servicio público» [176]. Por otra parte, los delegados instaron a la Junta Económica de la Escuela de Minas a que procediera al cobro de las «contribuciones de minas» que estuvieran pendientes de pago, y que les remitiera lo que fueran recaudando [227]. Hubo también acciones de menor alcance, pero reveladoras de la gravedad de la situación financiera que se vivía, como el encargo que el ministro de Hacienda hizo a los delegados para que procedieran a vender una barra de oro de 64 onzas de peso [180]. Un problema con el que tuvo que lidiar la Delegación fue el del sistema monetario, que —en palabras de Yábar— «era un completo caos». Durante el gobierno de Mariano Ignacio Prado circulaban el sol metálico, acuñado en plata, y el sol del billete fiscal, que fue puesto en circulación por el Estado con el fin de reemplazar a los billetes emitidos por la banca privada114. Además, circulaba el feble boliviano. Desde el inicio de la guerra, las emisiones de billetes fiscales sin respaldo generaron una notoria pérdida del poder adquisitivo de la población (Yábar, 1996, pp. 23-24)115. Al llegar Piérola al poder, introdujo el patrón oro en el sistema financiero para tratar de estabilizar la economía del país, y se estableció un nuevo tipo de moneda, el «inca» de oro (1996, p. 29; Armas Asín, 2001, pp. 76 y 77). Pero el deterioro económico continuó: en noviembre de 1880 el tipo de cambio era de 8 billetes soles por 1 billete inca y a fines de diciembre de ese año era de 15 billetes soles por 1 billete inca (2001, pp. 77-83)116. Cuando García Calderón asumió la presidencia del gobierno provisorio, ordenó retirar de circulación los billetes incas e introducir nuevos billetes de soles que serían traídos de Nueva York y de Panamá (Contreras, 2012, p. 115). A pesar de ello, siguieron en circulación distintos tipos de monedas, en un contexto de «bimonetarismo» —tal como lo explica Carlos Contreras—, en virtud del cual coexistían las monedas «buenas» o «duras» —que eran el sol de plata y la libra esterlina—, utilizadas para las 79
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