El Estado en la sombra

«como consecuencia de la emisión de los bonos de aduana, ha podido este [el gobierno provisorio] y podrá en adelante arbitrarse fondos para las urgentes exigencias del servicio público [...]» [137]. El gobierno central optó por seguir las indicaciones de la Delegación y rechazar la solicitud de Carrillo, quien —a pesar de estar en desacuerdo— acató esa decisión [175 y 254]. Para los delegados era muy importante que los bonos fueran admitidos en las aduanas, ya que en caso contrario podía sufrir el crédito del Estado. Por eso, cuando en mayo de 1882 tuvieron noticia de que en la aduana de Tumbes no se estaban admitiendo los bonos, escribieron al prefecto de Piura para instarle que ordenara se recibieran «sin excusa alguna», ya que era necesario «sostener a todo trance el crédito del Estado» [201]. En virtud de las funciones otorgadas por el gobierno central, la Delegación, además, tenía competencias en la administración de aduanas. Las de Huacho, Supe, Cerro Azul, Lomas y Chala estaban bajo su jurisdicción (Basadre, 1983, VI, pp. 272-273). En efecto, en los libros copiadores hay correspondencia con el administrador de la aduana de Huacho, Ezequiel Mendoza113 [21], quien más adelante fue nombrado visitador de las aduanas ubicadas entre el Callao y Chala [185]; y con el administrador de la aduana de Chala, Juan B. Benavides [116]. Además, se puede observar que hubo contacto epistolar con los responsables de otras aduanas, como la de Tumbes [201]. La Delegación recibía las rentas de estas aduanas directamente remitidas por el administrador correspondiente, o bien celebrando un «contrato de adelantos de fondos» con un determinado comerciante, lo que le permitía a este embarcar y desembarcar mercadería por el valor establecido en el contrato. Así, vemos que la aduana de Chala debía permitir este procedimiento a los hermanos Gottfried por el valor de hasta S/. 5000 soles plata. Similar procedimiento se realizó con Manuel Velarde por el valor de S/. 690 soles plata [118 y 142]. En mayo de 1882 el ministro de Hacienda reafirmó las competencias de la Delegación con respecto a la administración de las aduanas entre el Callao y Chala. Fue entonces que los delegados nombraron —como ya hemos señalado— a Ezequiel Mendoza como visitador [183], quien supervisaría el desempeño de cada aduana. Sin embargo, surgieron problemas. En junio de 1882 los hermanos Gottfried entregaron a Mendoza dos libramientos de S/.620.53 y S/.684 soles plata, los cuales no habían sido pagados a los delegados, con lo cual se produjo una llamada de 78

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