En cuanto a los fondos que V. S. necesite para el sostenimiento de esa legación, creemos que V. S. habrá adoptado las medidas necesarias para procurarse la suma indispensable; y en caso de no haberlo verificado, esperamos que V. S. procederá a hacer los arreglos correspondientes con el indicado objeto, por las dificultades que se presentan hoy en esta capital para adquirir recursos [283]. Este es el escenario en el que tuvieron que desarrollar sus labores, desde Lima, los delegados del gobierno provisorio. Leyendo las comunicaciones que ellos generaron advertimos la grave preocupación que los embargaba por la referida ausencia del Estado en muchos lugares, y por las dificultades de todo orden que afrontaron las autoridades departamentales y provinciales nombradas por el gobierno provisorio, y cuyas labores buscaban apoyar los delegados. Por su parte, Camilo Carrillo, como jefe político-militar del Sur, se preocupó por enviar ayuda de diverso tipo a las tropas asentadas en los departamentos de su jurisdicción. Así, consta que en julio de 1882 efectuó dos envíos a Manuel Velarde, quien dirigía tropas en Arequipa, Puno y Moquegua. En total, envió cuatro mil soles plata, así como zapatos, reses, cebada, maíz y pasto107. En cuanto a Cáceres, este tenía muy claro que por el dramatismo de las circunstancias iban a ser muy escasos los recursos que el gobierno le podría enviar. Por eso, él mismo —como ya se ha señalado páginas atrás— dispuso diversos modos de financiación de sus actividades bélicas. En su memoria lo expresó claramente: Asaltadas las principales fuentes de la hacienda nacional por el enemigo, no podía prometerme ningún alivio del supremo gobierno, siendo necesario arbitrar los recursos posibles, dentro de la estrecha esfera de mi acción, los cuales están muy distantes de establecer un sólido equilibrio en el presupuesto de la guerra, que arroja un déficit cada vez más considerable (2010, pp. 110-111). Las medidas económicas que se pusieron en práctica durante la guerra incluyeron el aumento de impuestos, el cambio de unidad monetaria, la emisión y reutilización de monedas y papel moneda, la recolección de donativos y la suspensión de pagos de créditos y deudas (Basadre, 1983, VI, p. 126; Dancuart & Rodríguez, 1903-1926, XIII, p. 13). Pero dichas disposiciones no fueron suficientes para afrontar los gastos del conflicto. Según Dancuart y Rodríguez, todas esas medidas fracasaron por falta de «unidad, firmeza en la acción y orden en los procedimientos» (1903-1926, XIII, p. 13). Por ejemplo, una de las disposiciones hacendarias del gobierno provisorio de García Calderón fue la de restablecer el 76
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